Curso de Meditación y Filosofía


Semana 1

Tema1:
Vivimos en el pasado.  Esta semana nos vamos a dedicar a observar un hecho que será el punto de partida del viaje en el que nos hemos embarcado.  Gran parte de nuestros pensamientos son inconscientes, nuestra manera de pensar no responde tanto a lo que acontece en nuestro día como a las memorias que conservamos acerca delo que ya ha ocurrido, y  es de ahí, de lo ya acontecido, de donde nacen los pensamientos automáticos que nos hacen utilizar prácticamente  siempre las mismas recetas para responder a nuestro día a día.
Este hecho parte de un dogma que pocas veces nos paramos a cuestionar, la creencia de que ante  causas semejantes los efectos serán idénticos. Es decir, aplicamos una concepción mecanicista de la realidad. Solemos reaccionar de manera muy parecida ante la frustración, cuando algo nos desconcierta, si pensamos que hacemos el ridículo, cuando sabemos que nos están observando,  cuando tenemos miedo, cuando nos irritamos… Es decir, sea cuál sea la peculiaridad de lo acontece (cada situación es única) ya tenemos decidida cuál será la respuesta. Vivimos en el pasado porque es allí donde  cocina nuestra reacción, no en lo que está ocurriendo en el momento actual, sino lo que ya ha ocurrido, el modo en que venimos respondiendo desde hace tiempo cuando estamos frustrados, o nos asustamos, estamos desconcertados,  creemos que hacemos el ridículo,  sabemos que nos observan, nos irritamos…
En las próximas semanas intentaremos entender por qué ocurre esto. Esta nos dedicaremos simplemente a constatarlo. Vamos a ocuparnos en observar cuáles son nuestros automatismos, que tipo de inercias son las que hilan nuestro día a día. Si lo hacemos bien nos sorprenderemos, porque todos estos procesos suelen  tener lugar sin que seamos conscientes. Es más, habitualmente tenemos la creencia de que somos nosotros los que  tomamos las decisiones, de que estamos eligiendo, no nos solemos percatar de que no es así.  Nuestros pensamientos y decisiones  siguen mecanismos que están determinados de antemano, a partir lo que ya nos ha ocurrido y con el tiempo ha generado estructuras físicas (redes neuronales) y químicas,  que se han acabado consolidando en nuestros cuerpos restándonos capacidad de acción.

Nos queremos dedicar a observar estos mecanismos, porque éste va a ser nuestro campo de batalla.

Savasana: https://drive.google.com/open?id=1oXu9-ZB8bJDvfH0GR-Zz0ej2eBUZkyrA
Semana 2.

Tema 2.
Ya hemos observado la tendencia a generar patrones de pensamiento y conducta basados en el pasado.  Esta semana vamos a intentar ocuparnos de por qué ocurre esto.
La esencia de la realidad es su constante fluir, nada permanece estático, todo fluye constantemente. Permanecer en el mundo supone, lo queramos o no, estar expuesto  a una deriva constante de aconteceres, la novedad permanente y la incertidumbre  acompañan al cambio. Si queremos vivir en sintonía con este fluir hemos de estar abiertos a la incertidumbre, no temerosos.
                Pero la novedad y la incertidumbre nos duelen, suponen un gasto extra de energía. La vida está inevitablemente asociada al riesgo. No nos gusta lo imprevisible porque requiere pericia por nuestra parte para afrontar lo que nos venga, capacidad de improvisación.  Conclusión: hay que evitar el cambio por todos los medios, el cambio se convierte así en el enemigo (esta historia es muy antigua, que se lo pregunten a Nietzsche).
¿Cómo lo hacemos?  Cambiando la realidad, convirtiéndola en lo que queremos que sea: una realidad distinta.  Es nuestra incapacidad para soportar la magnitud de lo reall ( su naturaleza desbordante, inabarcable) la que nos lleva a  crear una imagen sobre ella más fácil de digerir. Para esto adoptamos un dogma , aceptamos que “en circunstancias similares los acontecimientos tienden a repetirse”
Para hacer dominable, previsible la realidad, buscamos en el pasado el oráculo, la fuente que nos muestra qué es lo que va a ocurrir. Nuestra capacidad para acumular recuerdos  nos permite imaginar posibles desenlaces ante una situación presente.  El problema es que acabamos creando un vínculo tan estrecho  con nuestros pensamientos, que finalmente identificamos la proyección mental sobre la realidad con la realidad misma. Esta pasa así a ocupar un segundo plano.  Así es como conseguimos sustituir la realidad  por una imagen  que encaje  con nuestra realidad ya conocida, la ya vivida. Logramos de este modo esa realidad alternativa y edulcorada  que estábamos buscando.
Como conclusión: vivir es interpretar. Generalmente, nuestra interpretación se construye a partir de  recuerdos y asociaciones  creados en el pasado. De manera que el producto final se parece más a una realidad ya vivida que a la actual, la que nos toca vivir en el presente.
Así, al encontrarnos con el mundo percibimos lo que esperamos (hay multitud de ejemplos para confirmar esta idea, quizá buscar alguno especialmente curioso en el libro de Guy..). Lo inesperado acostumbra a pasar desapercibido.
La realidad privada de su esencia queda así desnaturalizada, reducida a una fría fotografía.
Una idea más para explicar por qué necesitamos adulterar la realidad, aquietarla.  En parte debido a un estado de debilidad. El concepto que tenemos de nosotros mismos interviene en el tipo de proyección que hacemos sobre el mundo. Cuando confiamos en nuestra capacidad para afrontar un reto, nos presentamos ante el sin temor. El miedo aparece cuando pensamos que no vamos a ser capaces de bregar con lo que ha de venir. Un concepto deficiente de uno mismo acaba convirtiendo toda posible incertidumbre en un peligro. Los temerosos construyen una imagen de la realidad más temible que los osados. Es decir, la falta de confianza en nuestra capacidad para abordar lo imprevisible es  lo que nos hace temerlo y evitarlo. Por esa razón  disolvemos  lo incierto de la realidad que se presenta ante nosotros suponiendo que será un calco de la realidad ya vivida. No importa que el banco de datos al que recurrimos para construir esta realidad alternativa pueda resultar feo, poco atractivo, triste, cargado de tensión y estrés, frustrante… Nada de eso importa, porque lo que buscamos  es encontrarnos con una realidad conocida  y si esas son las características de la única realidad conocida con la que contamos en nuestra base de datos…
Recapitulando:
La realidad sin refinar,  en puridad nos resulta difícil  de soportar, para eliminar el cambio y la incertidumbre que constituyen la esencia de la vida, de lo real, acabamos construyendo una realidad pensada. Recurrimos al pensamiento , al pasado, a la memoria para  diseñar  unas expectativas previsibles; una realidad estática y controlable.
Esta necesidad de rechazar la” auténtica” realidad, la única, Está estrechamente vinculada con el concepto que tenemos de nosotros mismos. Es la falta de confianza en nosotros mismos la que nos hace temer el devenir. Porque el devenir, posiblemente signifique fracaso. Y con esta frase introducimos  una última idea fundamental.
Expectativas:  generan frustración cuando la realidad no responde exactamente a nuestros deseos.
Reducen enormemente las posibilidades de lo que acontece  (realidad). Sólo atendemos (percibimos) a lo que esperamos.

Mantra: “Los pensamientos no son hechos”, “si estoy despierto, soy capaz de responder”

Para los que podáis entender el vídeo (podéis activar los subtítulos en inglés.  Trata sobre la diferencia entre pensar y observar. Un listo viejo 



3ª semana.

El tema de esta semana podría ser por qué necesitamos con tanta urgencia reducir la realidad cambiante a una imagen estática fundamentada en proyecciones basadas en experiencias pasadas.
Esto nos lleva a hablar del concepto que tenemos de nosotros mismos y del miedo.
Una idea más para explicar por qué necesitamos adulterar la realidad, aquietarla.  En parte debido a un estado de debilidad. El concepto que tenemos de nosotros mismos interviene en el tipo de proyección que hacemos sobre el mundo. Cuando confiamos en nuestra capacidad para afrontar un reto, nos presentamos ante él sin temor. El miedo aparece cuando pensamos que no vamos a ser capaces de bregar con lo que ha de venir. Un concepto deficiente de uno mismo acaba convirtiendo toda posible incertidumbre en un peligro. Los temerosos construyen imagen de la realidad más temible que los osados. Es decir, la falta de confianza en nuestra capacidad para abordar lo imprevisible lo que nos hace temerlo y evitarlo. Por esa razón  disolvemos  lo incierto de la realidad que se presenta ante nosotros suponiendo que será un calco de la realidad ya vivida. No importa que el banco de datos al que recurrimos para construir esta realidad alternativa pueda resultar feo, poco atractivo, triste, cargado de tensión y estrés, frustrante… Nada de eso importa, porque lo que buscamos  es encontrarnos con una realidad conocida  y si esas son las características de la única realidad conocida con la que contamos en nuestra base de datos, son preferibles  a la temible amenaza que representa lo incierto (más vale malo conocido…)
El pasado favorece que creemos una imagen temible de lo que ha de venir (porque la realidad cambia), y a su vez, lo temible del devenir nos empuja  aún más a mirar hacia otro lado. El desenlace es siempre el mismo vivir en una realidad que no es la que está aconteciendo.  En estas circunstancias, Las respuestas que demos  a los retos que constantemente nos propone la vida serán siempre problemáticas. Así es como se genera  la fricción entre nosotros y el mundo  que está en el origen de muchos de nuestros desequilibrios  (mentales y físicos).
Habría que añadir un comentario sobre el fracaso. Una baja concepción de uno mismo nos provoca miedo a  lo incierto, porque no hemos aprendido a afrontar el fracaso.
Diógenes:  me ejercito  en fracasar.   Estamos preparados para el éxito, desde pequeños nos enseñan a buscar el éxito por encima de todo. El fracaso se convierte así en algo indeseable una derrota que hay que evitar por todos los medios. En una sociedad en la que se  ensalza a los triunfadores y se demoniza el fracaso, resulta enormemente difícil afrontar los errores.
Esta semana alternaremos dos mantras, cada día uno: 
Mantra 1:  “No hay que temer, no durmáis. Pues que no hay paz en la tierra, aventuremos la vida”.
Versión reducida:
"No hay que temer, aventuremos la vida".
Mantra 2: "Los pensamientos no son hechos"


Audios:

Respiración Corta.
Respiración Media.

4ª semana


              Nos hemos referido a nuestro afán por cambiar la realidad, por generar una interpretación de la realidad que la haga más habitable.  Hemos estado también pensando en cómo el concepto que tenemos de nosotros mismos o el que queremos que los demás tengan de nosotros  influye en nuestra forma de interpretar la realidad. Y en el papel del miedo, que se genera a partir de las expectativas que proyectamos sobre lo que pensamos que va a  acontecer, a partir de lo que ya ocurrió.
El tema de esta semana es muy importante ¿qué ocurre en nuestros cuerpos que justifique que acontezca todo lo arriba descrito?  Nos vamos a referir a cuál es el soporte químico que está a la base de toda nuestra actividad mental y emocional. Con la esperanza  de obtener alguna luz acerca de cómo conseguir intervenir en los mecanismos que estamos estudiando, desde la base.  Vamos a hablar un poco sobre química. Prestad mucha atención.
                Cada pensamiento está asociado  a una atmósfera emocional generada a partir de la intervención del cerebro medio, hipotálamo y glándula pineal. Que s su vez vierten constantemente péptidos que dan órdenes a las glándulas y órganos correspondientes para que elaboren hormonas o neurotransmisores… todo este intercambio de órdenes y mensajes se constituye la base de nuestro estado emocional. Este mecanismo se repite constantemente.
                Al vivir en el pasado, es decir,  a partir de pensamientos y asociaciones elaboradas  con anterioridad y desde las que interpretamos el presente y hacemos proyecciones  hacia el futuro, estos contenidos mentales fijos, familiares, nuestros automatismos, son los que componen la atmósfera emocional (química) en la que nos instalamos cómodos y a la que nos hacemos adictos.
                Cualquier cambio en nuestro esquema mental habitual (automatismos) supone  una modificación en nuestra atmósfera emocional (química), que el organismo detecta rápidamente  e intenta compensar (equilibrar) ¿Cómo?  Demandando lo químicos que echa de menos ¿Cómo? Haciéndonos experimentar malestar, incomodidad. Nuestros pensamientos son la expresión de ese malestar; la voz de nuestro cuerpo que nos engatusa para que le demos  lo que necesita.
Conclusión:  Si queremos afrontar cambios en nuestros estados mentales, hemos de estar preparados para el malestar del que nuestro cuerpo se va a resentir, entrenarnos en la incomodidad (una receta muy antigua). Entrenamos la incomodidad para poder plantar cara a nuestro cuerpo cuando lo estimemos conveniente. Es un paso imprescindible para enseñar a nuestro cuerpo a tolerar el cambio.
                Porque sabemos que el cambio es mejor que la estabilidad y porque si nos acostumbramos al cambio estamos sintonizando, encajando con la realidad en la que estamos destinados  a vivir. Una realidad que es en esencia cambiante.
                De no ocurrir así (que aprendamos a convivir con el cambio), entraremos en conflicto con nuestro entorno. Y, como ya sabemos, volveremos la mirada a la única pseudorealidad que encaja con nuestro deseo de quietud y monotonía: el pasado, interpretar lo que está ocurriendo a partir de lo que ya ha ocurrido. Pero también sabemos que esta solución no funciona.
                No hay otra solución que aceptar la realidad tal y como es:  cambiante e impredecible. Y  para esto necesitamos aprender a bregar con un cuerpo  que demanda constantemente una vuelta al pasado. Hemos de aprender a aguantar la incomodidad.
                Pensándolo con detenimiento, no es para tanto. La incomodidad con la que nuestro cuerpo intenta reestableceer el equilibrio químico es más soportable de lo que pensamos. No es mucho mayor que la sensación de frio que experimentamos  cuando vamos por la calle poco abrigados o cuando madrugamos después de acostarnos tarde.  Ocurre que, a diferencia de estas ocasiones (frio o sueño), nuestro cuerpo nos ofrece la posibilidad de restablecer el equilibrio, evitar el malestar, de forma inmediata y con enorme facilidad. Sólo tenemos que volver a ahacer lo que siempre hemos hecho (precisamente aquello que queremos cambiar).
El frio al pasear por la calle es soportable, pero no lo aguantaríamos  si con solo pensarlo apareciera un abrigo en nuestras manos.
                Tener esto claro es fundamental antes de abordar el proceso de cambio.
Mantra:  Como las nubes, el frio pasa.




Relfexión de mitad de curso (parada coronavirus).


       Queridas y queridos,
        Empiezo disculpándome por mi desaparición. Esto del confinamiento nos ha pillado a mitad de formación  y a mí me ha descolocado un poco en todos los sentidos. No me voy a recrear en esta parte. He ido dejando pasar los días sin sentarme a escribir, pero …
Al plantearme qué es lo que podemos hacer con el curso, se nos presentan varias posibilidades , bueno, fundamentalmente dos: continuar con la formación online o darla por teminada y dejarla para otra ocasión. Por distintas razones  en las que creo que no es necesario detenerse, ninguna de las dos me convence.
        En el fondo,  con esta formación lo único que pretendo transmitir es una herramienta. Una herramienta en la que creo firmemente, pero que me parece  no es fácil recibir ( ni transmitir). Se trata de aprender otra forma de percibir y entender la realidad y a nosotros mismos. Yo tengo la sensación de que después de un tiempo bregando con estos temas, sólo ahora estoy empezando a integrar realmente el significado de algunas de las enseñanzas que tenemos entre manos.
Entra dentro del espíritu de los conocimientos con los que estamos trabajando el no considerar un gran contratiempo el hecho de tener que detenernos por un periodo indefinido de tiempo a mitad de nuestro curso. Es cierto que no estaba previsto, que no estamos preparados para parar en estos momentos y que por tanto, si nos detenemos en estas dos consideraciones podemos pensar que lo que teníamos entre manos se nos ha ido al garete (¿al garete o al carajo?) Pero no es menos cierto que, de alguna manera, con todo lo que está ocurriendo  tenemos la oportunidad de constatar algunas de las ideas  acerca de  las que hemos estado hablando.
         Es decir, comentábamos que la esencia de la realidad es su capacidad para sorprendernos y poner ante nosotros acontecimientos imposibles. Ese fue el tema de la segunda semana. Primera semana hablamos también de nuestra dificultad para adaptarnos a los cambios y convertirlos en productivos. Nos referíamos entonces al hecho de que estamos encadenados al conjunto de inercias que hemos ido construyendo a lo largo de nuestra vida (menos numerosas de lo que podemos pensar de antemano, pero muy activo)   y nos hace responder utilizando los mismos patrones ante cualquier situación que se nos presenta. Ahí, decíamos está la base de muchos de nuestros conflictos.
También hemos hablado un poco del modo de hacer frente a estas evidencias.  Por un lado, tomar conciencia de nuestras inercias. Estos procesos mentales que tanto peso tienen en nuestras vidas, tienden a pasar desapercibidos. Tanto, que tendemos a pensar que somos nosotros los que llevamos las riendas de lo pasa por nuestras cabezas y por nuestras vidas. No solemos percatarnos de que nuestras decisiones se basan más en los hábitos adquiridos en el pasado que en los acontecimientos presentes.  Como digo, una de nuestras propuestas consistía en tomar conciencia. Algo tan relevante no se adquiere en una semana (que es el tiempo que le  dedicamos a este tema).
        Una segunda propuesta consistía en aceptar la naturaleza cambiante de la realidad. No simplemente entender esta idea. Lo que planteábamos era mucho más radical, aceptar el cambio, el movimiento como parte de nuestro día a día. Aceptar el cambio, no de manera resignada, como un mal menor, sino como la fuente de oportunidades que supone.  El planteamiento es drásticamente diferente al habitual. Lejos de resistirnos al cambio (como hacemos habitualmente constriñéndolo con nuestras inercias y temores), encararlo como fuente de conocimiento y oportunidad.  Acepto lo que me ocurre, no como un idiota al que todo le parece bien (porque algunas de las cosas que ocurren son una putada, se mire como se mire),  sino como un componente de una  realidad cambiante ante la que no tenemos otra opción que plantarnos mirando a la cara, sin lamentos. Todo acontecer es una lección posible. El aprendizaje se encuentra en el modo en que afrontemos esta lección: como los malos estudiantes, mirando hacia otro lado y lamentándonos  o afrontando el reto que supone bregar  con él, sacándole partido. Porque cuando elegimos el segundo camino, siempre salimos del trance transformados. Creo que esto es lo que quiere decir  que la realidad se puede convertir en fuente de conocimiento. Esto sólo ocurre cuando la afrontamos con esta actitud. Cosa que rara vez ocurre.
Pues bien, este es el tipo de conocimientos con los que estamos tratando. Un jodido tesoro que está pasando por nuestras torpes manos. Lo más normal es que todos estos conocimientos se nos escapen entre los dedos. Sólo hay una forma de hacer frente a este conocimiento: con la experiencia. Por eso insistimos cada semana en que la clave del curso no está en lo que hablamos  en nuestra hora y media de reunión semanal, sino en lo que hacemos durante el resto de la semana. En cada semana hemos propuesto una serie de acciones que tenían por objeto ayudarnos  a asimilar, integrar,  las ideas sobre las que habíamos hablado el sábado por la mañana.
        La mayoría de nosotros comentábamos al encontrarnos, la dificultad de practicar  debido al ritmo desenfrenado de nuestras vidas. Yo creo que la verdadera razón está en la fortaleza de nuestros hábitos mentales, hábitos  mentales anclados, claro, en una vida con la que encajan como guante de silicona estrecho a mano gorda. Tanto que nos cuesta distinguir una cosa de otra (hábitos y realidad). Por esa razón en otra de las sesiones comentábamos que  “los pensamientos no son hechos”, lo que pienso que está ocurriendo no es necesariamente lo que realmente está ocurriendo. Si lo pensamos un poco, la mayoría de las prácticas semanales, las más importantes, no necesitaban un tiempo extra para ser realizadas, consistían en incorporar una mirada nueva en algunos momentos de nuestro día a día. Ahí  está la dificultad de este aprendizaje. No es una cuestión de tiempo, es que es muy difícil cambiar el modo de mirar.
Pero, si tenemos suerte, lo que aprenderemos con este curso es fundamentalmente eso, a cambiar nuestra forma de mirar. Este cambio de actitud, si realmente tiene lugar, será constante, aplicable a todos los momentos de nuestra vida en los que, de repente, como un chispazo, miraremos lo que nos está pasando con una extraña lucidez que alumnbre lo que está ocurriendo con una luz diferente.
Lo que quiero decir con todo esto es que es mucho lo que tenemos por delante (por aprender), cada una de nuestras lecciones semanales necesita de mucho tiempo, práctica, para ser asimilada. Por otro lado, este parón, desde la perspectiva de esta nueva forma de mirar sobre la que trata nuestro curso, más que un contratiempo, podemos convertirlo en una oportunidad. Una oportunidad para las personas que se estaban quedando rezagadas, que tienen la ocasión de afrontar este tiempo como si empezaran de nuevo el curso. Pero también las  más adelantadas tenéis tenéis la oportunidad de masticar los contenidos y prácticas de cada semana con más tranquilidad y profundidad.
Mi sugerencia es  empezar de nuevo, ahora de forma individual, pero con orden. Es decir, semana tras semana, con los mismos ejercicios que se hicieron en su momento. En  el blog tenéis un resumen con el tema de cada semana.
        Por otro lado, tenemos nuestro grupo de wassapp para contarnos cómo nos va, plantear dudas, contarnos como  lo llevamos…
Puestos a pensar en el ideal, sería perfecto que quién quiera colaborar dando un empujón a los demás, entre en el blog para escribir algún comentario compartiendo su experiencia, dificultades, logros… Esto nos ayudaría a sentirnos conectados y disfrutar de la fuerza del grupo.
En fin, Esta es mi propuesta. Esto no se ha acabado, no ha hecho más que empezar. Creo que me creéis si os digo que pienso que el conocimiento con el que estamos trabajando ( que no es otra cosa que yoga) tiene un enorme potencial para hacernos más fuertes y lúcidos.
En nuestro próximo encuentro vamos a disfrutar más que nunca de nuestro encuentro, comida y cante.
       Un abrazo y hasta pronto,

Jesús



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